Podemos justifica los genocidios comunistas: debe ser ilegalizado

El jueves 19 de Noviembre de 2020, en la Comisión Constitucional del Congreso, el segundo de Podemos y primero del PCE Enrique Santiago, se ha negado a respaldar, como pedía el PP, una resolución del Parlamento Europeo, votada por aplastante mayoría, que condenaba tanto los crímenes del comunismo como los del nazismo y recordaba que falta el Nurëmberg del comunismo, un juicio en honor a los más de cien millones de muertos producidos por la ideología más asesina de la historia de la Humanidad.

Santiago fue el abogado de las FARC en las conversaciones de La Habana, pudridero en que Santos quiso entregarle Colombia a Timochenko, representante, pues, de la banda que secuestró a miles de niñas que convertía en esclavas sexuales (ver información en LD), hazaña que explicaría su macho a Irene Montero tras ver a Piedad Córdoba, y cuyos detalles sobre la edad de violación y el número de abortos que sufrían los tendrá Enrique Santiago, si es que en La Habana se preocupó Santos de la suerte de los miles de niñas raptadas, violadas y maltratadas durante años.

Condenar a Lenin es ser cómplice de Hitler

En el rechazo a este acuerdo de la que, como recuerda Rosa Díez, es la única instancia democrática elegida por todos los europeos, le ha acompañado el PSOE, que comparte el mismo desprecio a las víctimas del comunismo. La cobarde intervención del PSOE se centró en la supuesta utilización que hacía el PP de esas víctimas. Santiago directamente negó que se compara los muertos por el comunismo con los del nazismo y acusó de “complicidad y negacionismo” a quienes lo hacen. O sea, a toda Europa. Legitimar el genocidio comunista sólo puede obedecer al intento de repetir el ya cometido contra los católicos en España de 1936 a 1948 -cuando Stalin, no el PCE, decidió liquidar el maquis-, y por eso Podemos debe ser ilegalizado. Una fuerza política aliada a la banda también comunista ETA, que justifica el genocidio se sitúa fuera de la legalidad democrática y debe ser apartada de la vida pública y procesada por su desprecio a las víctimas de los regímenes comunistas, todos ellos genocidas, sin excepción alguna.

Santiago dijo: "El único régimen que ha planificado y ejecutado la eliminación de colectivos y pueblos enteros ha sido el nazismo. Compararlo con otros sistemas es complicidad y negacionismo". Sucede al revés: todos los regímenes comunistas, desde Lenin, mucho antes de que existiera el nazismo, planificaron y ejecutaron la eliminación de colectivos y pueblos enteros. Negarlo es querer seguir esa tarea genocida. Por eso, debe ser puesto fuera de la Ley. Y las dos fuerzas políticas, PSOE y Podemos, que forman el Gobierno español y comparten el rechazo a la resolución del Parlamento Europeo, deben ser denunciadas ante la UE por su decisión de justificar o actualizar la política genocida comunista.

Hasta aquí la argumentación política. Recordemos ahora a todos los muertos que Santiago, Podemos y el PSOE han despreciado en las Cortes:

¿Cuántos millones son las víctimas del comunismo?

En Memoria del Comunismo di los datos que, en 1997, a los 80 años del golpe de Estado de Lenin contra la democracia en Rusia -no contra el Zar; Rusia era una república con el socialdemócrata Kerenski al frente-, publicó en Moscú el diario Izvestia. Añadí los de “El libro negro del comunismo” en el mismo año. Ambos cifraban en torno a100 millones el número de víctimas del comunismo, variando los datos de Rusia y China. Desde entonces han sido actualizados, siempre al alza.

El último recuento que he leído en España es el del magnífico blog Contando estrelas, que prueba cuánto falta para acercarse a una estimación cuantitativa, aunque no cualitativa. Me remito a sus observaciones sobre lo lejos que estamos en cada país de tener cifras homologables. Fiables son todas, porque las fuentes son las víctimas, pero falta un trabajo de conjunto como el que se intentó en 1997 y con menor intensidad, en 2017. De hecho, ese fue el año de la reivindicación del comunismo genocida por parte de los gurús universitarios norteamericanos, que ahora llega al Congreso español. Pero el cambio en las mediciones estadísticas no cambia el factor de fondo: la ideología genocida que provoca las masacres. De ahí lo necesario de un Nüremberg del comunismo que juzgue a los responsables y a las ideas que llevaron a la muerte a tantos millones de personas. Cinco veces más por parte de los verdugos comunistas que de los verdugos nazis. Y éstos no pasaron de 1945 y duraron dos décadas. El comunismo,103 años. Y sigue. 

El marxismo-leninismo es el genocidio planificado

Pero el carácter mendaz del fámulo de las FARC se muestra en que su palabrería desmiente toda la ideología marxista-leninista y la política del régimen soviético desde su fundación. La idea básica de Marx y Engels es que “la lucha de clases es el motor de la historia”. La lectura de Lenin de los escritos políticos de Marx, como los dedicados a la Comuna de París, es que se debe transformar la lucha de clases en guerra de clases y ésta en terror rojo y guerra civil para imponer la dictadura del proletariado. No hay otro camino porque la clase obrera se pierde en el sindicalismo y mejoras materiales, no aspira a la revolución. Ésta es tarea del partido comunista.

Desde el “¿Qué hacer?” a “El Estado y la revolución”, Lenin explica con claridad su táctica para tomar el Poder en Rusia y, lo más importante, para no devolverlo jamás. Y lo hizo. Como apenas existía el proletariado en Rusia (menos del 2% de la población activa) y el partido bolchevique no tenía más de 20.000 “revolucionarios profesionales” que vivían del dinero que robaban Stalin y otros, además del que les dio Alemania para sabotear al Ejército ruso en la I Guerra Mundial, sólo mediante el terror planificado y la eliminación deliberada de grupos como los intelectuales y de clases como la burguesía y el campesinado propietario, los llamados “kulaks”, podría imponerse el poder soviético. Trotski gritaba “¡Viva la guerra civil!” y los bolcheviques hacían manifestaciones en Moscú en 1918 con pancartas de “¡Viva el terror rojo!”. Podían haberlo hecho y ocultarlo, pero eso fue después. Entonces como ahora, alardear del terror era ya imponer el terror.

¿No sabe eso el cabecilla del PCE, el abogadillo de las FARC? Por supuesto. Parece lerdo, pero no es un ignorante. Para la supervivencia del comunismo tras la caída del Muro ha sido esencial que no se equiparen los totalitarismos comunista y nazi, aunque sea posterior el de Hitler desde 1933 al de Lenin y Stalin desde 1917. Desde los orígenes de la URSS, se expulsó a los intelectuales, con listas hechas por Lenin (ver Memoria del Comunismo), se diezmó a los cosacos del Don y a los alemanes del Volga, se masacró a los rebeldes de Tambov y a los kazajos, se exterminó a los kulaks y se asesinó a los que no profesaran la ideología comunista. Todo deliberada y planificadamente. Y desde Lenin en 1922 a Mao en 1959 se usó el hambre para reducir a la población al canibalismo y la esclavitud.

El hambre, una constante comunista

El sometimiento por hambre y la muerte por inanición no son sólo frutos naturales de un régimen que prohíbe el mercado y provoca carestía y desabastecimiento, sino que, desde la primera gran hambruna bajo Lenin, en 1922, aunque duró de forma desigual dos años en bastantes provincias, se usó también para culpar a otros, en particular a la Iglesia Ortodoxa, a la que Lenin saqueó, mientras expulsaba a los cuáqueros y rechazaba la ayuda extranjera y dedicaba el trigo a la exportación para financiar la Komintern.

Stalin ya no tenía iglesias que saquear y culpó a los campesinos, a los que Lenin bautizó kulaks (que significa el puño, el puño cerrado o avaros), muchos de los cuales prefirieron sacrificar sus reses y quemar su cosecha antes que entregárselas al Gobierno bolchevique. La Cheka se convirtió en un ejército con millones de soldados que vivía del terror de masas a que se dedicaba. Pero lo que pasó con Lenin fue tan deliberado como con Stalin y Mao: se daba una cifra inalcanzable de trigo que debía entregarse al Estado; si no se había cosechado suficiente para el consumo o, al menos, para sembrar lo del año siguiente, a la Cheka le daba igual: se llevaba lo que había. Y al año siguiente, como no se había sembrado, no se cosechaba y la gente moría de hambre. Lo que había se exportaba o se lo comían los comunistas, que debían conservar su vida para seguir salvando al pueblo. Todas las hambrunas comunistas, de Lenin a Maduro, han sido idénticas.

Podemos es incompatible con la Legalidad

Los partidos totalitarios de signo nazi o comunista están prohibidos en varios países de Europa, como recuerda la resolución del Parlamento Europeo. Deberían estarlo en todos, porque no es lógico prohibir el efecto de las doctrinas políticas que se permiten. La lucha de clases conduce al exterminio de clases y grupos sociales por los que la tienen como doctrina, tal y como el racismo produce violencia racista cuando se transforma en ideología y política de Estado. El caso de España es el más grave de Europa porque desde los partidos de Gobierno se niegan los genocidios comunistas con la excusa de que no pueden ser comparados con los nazis.

Ese racismo funerario es lo que se ha elevado a ley con la llamada de Memoria Democrática, engendro totalitario que lleva a Carmen Calvo a negar que Paracuellos sea un crimen comparable a los del franquismo, que incluyen la Guerra Civil y la dictadura, pero no contempla los producidos durante la República, como los 1.400 muertos y 3.000 heridos del golpe de Estado de la izquierda en 1934, ni en la Guerra, pese a proclamar que era un régimen legítimo donde existía el Estado de Derecho. Del derecho a matar si eras de izquierdas y a morir si eras de Derechas. No había más.

Todo lo que no sea poner fuera de la Ley a los comunistas es, más pronto que tarde, conducir a España a la dictadura, con o sin guerra civil. El tiempo que se tarde en reconocer esa evidencia es tiempo que ganan los totalitarios y pierde la mayoría de los españoles, condenados al sacrificio y al troceamiento y pérdida de su Patria.

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