La heredera que ha rechazado 4.200 millones de euros y quiere cederlos a su país

¿Qué harían con 4.200 millones de euros? Es la pregunta que la joven austriaca Marlene Engelhorn llevaba haciéndose desde la adolescencia. Concretamente, desde que su abuelo Peter murió y su abuela Traudl comenzó a contarle las viejas historias familiares, el origen de sus riquezas y lo que le correspondía heredar. Llegados a ese punto, Marlene, ya con 29 años, ha rechazado el multimillonario legado familiar porque «tanto dinero no te hace feliz».

Marlene, que estudia Lengua y Literatura Alemanas, creció en Viena en una «casa que era demasiado grande», como ella la describe, y fue a una guardería y a una escuela privadas. «Niña rica privilegiada, esa fue mi infancia», resume. Marlene es descendiente de Friedrich Engelhorn, el hombre que fundó la empresa Badische Anilin-und Soda-Fabrik, más conocida por BASF, en la actualidad la compañía química más grande del mundo: en 2020 registró unas ventas de casi 60.000 millones de euros. Friedrich Engelhorn dejó la compañía en 1883 e invirtió su dinero en la farmacéutica Boehringer Mannheim. Su nieto Curt dirigió esta firma hasta 1997, antes de vender el grupo a la suiza Hoffmann-La Roche por 11.000 millones de dólares.

La joven austriaca, a la que su entorno achaca un complejo de niña rica, y otros 49 herederos de multimillonarios que piensan igual han fundado la iniciativa Taxmenow. Esta fundación fomenta la idea de que el Estado asuma el grueso de las fortunas y se encargue de gestionarlas. Es lo que ha decidido hacer Marlene, que ha cedido el 90% de la herencia a su país: «Gestionar ese patrimonio conlleva mucho tiempo, esfuerzo, tensiones... y no es ese mi proyecto de vida. No es que no quiera ser rica, es que no quiero ser tan rica», reconoce.

Las ideas de Marlene

Las ideas de la joven Marlene van más allá de su patrimonio. Formas de pensar ajenas a la clase social a la que le tocó pertenecer. Ella cree que los multimillonarios desconocen la cuantía de lo que poseen y echa la culpa a los Estados por no exigir mayor transparencia a las grandes fortunas. «Nuestra sociedad tiene pérdidas que se socializan y ganancias que se privatizan debido a que las transacciones e inversiones no tiene que ser siempre públicas, de manera que hay empresas que siguen recibiendo ayudas estatales a pesar de que reparten dividendos a sus accionistas».

Sin embargo, la abuela Traudl, viuda de Peter Engelhorn, bisnieto de Freidrich, número 687 de la lista Forbes de las personas más ricas del mundo, está empeñada en que el patrimonio siga en la familia a pesar de la oposición de su nieta Marlene. Pero ella lo tiene claro: «Creo que mi relación con el dinero es bastante sana, lo que pasa es que diferencio entre el flujo de dinero ordinario, que cubre tus necesidades e incluso te permite ahorrar para emergencias, y la riqueza que supone tanto dinero extra es que no sabes qué hacer con él».

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