Visto para sentencia el intento de golpe de estado

Un careo entre los presos y los fugados Sí que arreglaría de golpe toda la mentira que estos vividores se han montado haciendo rehén a toda Cataluña


Leopoldo Bernabeu

“A lo que iba, ni soy juez, ni pretendo serlo. Pero tampoco soy ciego ni estoy sordo. Y va a ser muy difícil que alguien me convenza de que en Cataluña no pasó lo que todos escuchamos, leímos y, sobre todo vimos que pasó. Claro que pasó”

Esta es la última semana de juicio del denominado “Proces” catalán, esperemos. Es la semana en la que toca a las defensas hablar y hacernos creer a todos que nunca pasó lo que todos vimos que pasó. Son los últimos días de un macro juicio agotador que ha durado más de cuatro meses y en el que la expectativa inicial, se ha ido ralentizando. Más de 500 testigos terminan por agotar hasta al apuntador. La última semana, la que va después de que los cuatro fiscales del caso fueran contundentes en sus alegatos de culpabilidad, demostrando con datos, que los hechos producidos en la comunidad autónoma de Cataluña entre la última semana de septiembre de 2017 y todo el mes de octubre, con especial incidencia en el día 1, fue un claro intento de Golpe de estado. Y aunque sé que así lo han denominado pocos, también sabemos todos que seguimos estando en un país en el que, para lo que conviene o no interesa, la mayoría se la cogen con papel de fumar. Los mismos medios que intentar imponer su doctrina ideológica a los sufridos lectores, oyentes y telespectadores que todavía les siguen, son los mismos que luego dudan en llamar a las cosas por su verdadero nombre. Pero ya saben, aquí quien manda es papá dinero y a ese no hay que cabrearle excepto cuando él lo autoriza. Qué lástima de medios de comunicación.

No soy juez ni pretendo serlo. Es más, los he padecido demasiadas veces, las suficientes como para tener claro que la Justicia no existe como una evidencia universal. Nos limitamos, los juzgados, primero a ser rehenes de aquellos que te quieren denunciar, porque en este país eso es gratuito y no penado una vez se descubre que todo fue falso, y después, de unos jueces, muchos de ellos profesionales, a los que tienes que suplicar que se hayan levantado con buen pie, no hayan discutido la noche anterior con un familiar, no estén recién divorciados o, simplemente, se hayan molestado en leerse tu caso. Son personas, no lo olvidemos.

Separar Cataluña del resto de España

Pero a lo que iba, ni soy juez, ni pretendo serlo. Pero tampoco soy ciego ni estoy sordo. Y va a ser muy difícil que alguien me convenza de que en Cataluña no pasó lo que todos escuchamos, leímos y, sobre todo, vimos que pasó. Claro que pasó. Se llama intento de Golpe de Estado. Un claro intento de separar Cataluña del resto de España. De aplicar el capricho de una caterva de zumbados, amparados por la más evidente y manifiesta ilegalidad, y trocear muchos siglos de historia a su gusto, a su antojo.

Y si ahora, las defensas de los doce líderes del “procés” se esmeran en introducirnos por vena sus alegatos, con intentos tan suculentos como, por ejemplo, los de los abogados de Junqueras y Forn, el primero instando a los jueces del Supremo a aprovechar la sentencia para arreglar el problema de Cataluña en su totalidad, y el segundo aconsejando que se culpe a su cliente únicamente de desórdenes públicos, es simple y llanamente, porque ese intento de Golpe de Estado no triunfó. No salió bien. Y todos se temen lo que la inmensa mayoría de españoles esperemos que se falle.

Actores que interpreten el mejor papel cinematográfico de toda esta película

Si ese Golpe de Estado hubiera salido bien, no sólo la mitad de ellos no habrían salido huyendo de España, sino que hoy todos estarían vanagloriándose y regocijándose en el éxito de su proyecto, alabando y reconociendo cada uno de los pasos previstos y ejecutados. El problema es que no salió. Y ahora toca encontrar los mejores abogados, dícese actores, que interpreten el mejor papel cinematográfico de toda esta película, culebrón un pelín largo, en el que intenten ganar el Oscar a la mejor interpretación y convenzan al público de que el malo era el otro. Lo que más echo de menos es no haber podido escuchar nunca las conversaciones en privado, incluso esas que sólo se tienen con la conciencia de uno mismo, y saber la opinión de los que están en prisión preventiva desde hace más de año y media, sobre los que huyeron como viles cobardes, a esos lugares de Europa donde viven a cuerpo de Rey. Unos cobardes que abandonaron su Cataluña recién nombrada independiente por ellos mismos, y en la que dejaron también tirados a la mitad de su cuadrilla. Valiente jefe está hecho el amigo Puigdemont. Estoy convencido de que si estos que están sentados en el banquillo le pudieran coger de la pechera, otro gallo cantaría. Iban a flipar en colores esos dos millones de catalanes que, incomprensiblemente, todavía les votan, pensando que son un equipo que defiende unas mismas ideas. Un careo entre ellos Sí que arreglaría de golpe toda la mentira que estos vividores se han montado haciendo rehén a toda Cataluña.

No pasó nada, ni hubo violencia, ni pasividad policial, ni manipulación de medios…

Las defensas de estos delincuentes se esfuerzan estos días por convencernos que no pasó nada grave en Cataluña, que no fue para tanto, que no hubo violencia sino capítulos esporádicos, tampoco pasividad de los Mossos, sino interés por hacer cumplir unas leyes que se habían saltado todos a la torera, sentencias del Supremo incluidas. Que no hubo manipulación alguna de los medios de comunicación dependientes de la administración catalana, como TV3 o Cataluña Radio (que rabia tiene que darles que no escriba Catalunya Radio).

No hay nada como tener amigos en Barcelona para preguntarles por este tema y escucharles cómo se les agotan los adjetivos con los que describir la situación de hartazgo generalizado de esta historieta de mal gusto que ha conducido a la sociedad catalana, otrora imagen y semejanza a seguir por el resto de españoles, en verdadera chifla nacional. Como muchos de ellos han “plegado” sus empresas y han decidido volver a sus tierras de origen. Y como muchos no lo han hecho porque les es imposible. El ambiente que ahora se respira en Cataluña ese ha tornado en insoportable.

Espero una sentencia ejemplar y que todos estos delincuentes pasen en la cárcel los años que correspondan al gravísimo delito de rebelión que han cometido contra nuestro país, contra la convivencia y la paz de 47 millones de españoles. Al menos los mismos que pasó Tejero y compañía, porque su delito es exactamente el mismo. Con una clara diferencia, y es que Tejero, consciente de su actuación y a pesar de no ser el cabecilla de la acción llevada a cabo el 23 de febrero de 1.981, penó en la cárcel con honor, nunca se le escuchó un lamento y no se le conoce intento alguno de huida. Su Golpe de Estado falló y por ello pasó 30 años en la cárcel. A estos sinvergüenzas les piden bastantes menos. Esa sentencia tiene que ser ejemplarizante también, para que a otros, que observan agazapados la corrida desde la barrera, se les quiten las ganas y sepan que el toro es bravo. Les hablo de los nacionalistas vascos y los aprendices de separatistas que ya pululan por Galicia, las Islas baleares y mi querida Comunidad Valenciana, donde desgraciadamente vemos, cada día con mayor preocupación social y desprecio político, como la izquierda republicana va ganando enteros y como nuestros niños tienen serias dificultades para poder estudiar en castellano. Así de lamentable.

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