No hay más objetivo que el cambio de régimen

Leopoldo Bernabeu

Imposible abstraerse al espectáculo del presidente del Gobierno al hacer balance de lo que él entiende ha sido una exitosa gestión en este año 2020 en el que nada excepcional ha pasado, y por tanto sólo su laureado éxito político es lo que cabría esperar de su modesto y austero proceder. Ironías al margen, hablar como lo ha hecho Pedro Sánchez al realizar el balance del ejercicio de este funesto año para olvidar, al menos para el 99% de los españoles, sólo es posible ante dos escenarios. O este buen señor vive aislado de la realidad y secuestrado por un elenco de subordinados que sólo le cuentan aquello que quiere escuchar, o está enajenado fuera de su sano juicio, y actuando como un cínico imbuido de un halo de supremacismo de épocas olvidadas.

Si fuese el primer escenario, deduciríamos que estamos ante una marioneta que no lidera nada, encantado de haberse conocido y feliz en sus mundos de yupi, siendo por tanto culpables quienes herméticamente lo mantienen anestesiado. En el segundo, mucho más creíble al hilo que han seguido los acontecimientos, nos deja entrever que estamos en manos de un perturbado cuyas decisiones, alabadas por aquellos que anhelan la aniquilación del estado, son un verdadero peligro para la estabilidad de nuestras vidas, tal y como las hemos venido viviendo desde la restauración de la democracia, hace ya más de 40 años, justo cuando este príncipe de las tinieblas daba sus primeros pasos.

Oírle hablar con soltura sobre el cumplimiento de compromisos como si se dirigiera a un grupo de ciegos y sordo mudos, además de la fortaleza y unidad de su coalición con Podemos, es como si alzásemos las copas en un brindis al sol al tiempo que nos hacemos trampas al solitario. Rematando ese discurso del terror cuando anuncia con desparpajo la cercana renovación de la monarquía, ojo, codo con codo con el Rey Felipe VI, algo que agradecería escuchar decir al monarca pues de entrada no lo creo, como nadie cree nada de cuanto dice este embustero patológico. Y si el Rey calla, doble problema, pues su silencio puede ser interpretado como un secuestro mediático o, lo que es peor, estar de acuerdo con este angustioso anuncio, lo que vendría a clarificar ese panorama que ha puesto en duda su valentía, sospechando que no esté a la altura de las circunstancias que le demanda hoy la sociedad española, y confirmando que la precipitada y errónea salida de Juan Carlos I, fue un clamoroso fallo de una Zarzuela sumisa, demostrando la debilidad de un Felipe VI al que nadie discute en su preparación, pero al que le faltan los espolones vividos por su bisabuelo Alfonso XIII, su abuelo Juan de Borbón y su propio padre.

Los elogios de Pedro Sánchez al último discurso del rey, no son más que otro trampantojo para entretener aprovechando la bondad y bonhomía de la época. Otro capítulo más del lobo travestido en caperucita. Resulta muy, muy gracioso, escuchar a Sanchinflas hablar de ejemplaridad, cuando sus mentiras superan con creces la cantidad de días que lleva como Presidente. Un cínico cum fraude cinco estrellas, al que da miedo escuchar cuando señala la hoja de ruta que va a seguir la Monarquía, “de la que irán informando”, sorprendiendo de manera superlativa que ahí quede la cosa y nada suceda en esta España idiotizada y sonámbula. ¿Soporta España tres años más?. No hablo del Covid, un entretenimiento infantil comparado con las previsiones de este renacido frente popular que hace 80 años y en tan sólo cinco condujeron al país a un enfrentamiento en armas. Una situación que, si nadie corrige, puede repetirse y en menos tiempo. Que los medios de comunicación sigan ignorando la situación que se cuece, es una gran irresponsabilidad.

Querer modificar la inviolabilidad del Rey, un paso más en su debilitamiento, y retirar el título de emérito a Juan Carlos I, sin causa alguna abierta contra él y sin agradecerle los 40 años de estabilidad, son dos pasitos más en esa encubierta carrera hasta la reconquista de una República que desmembrará España y nos devolverá a tiempos superados. Una etapa que reabrió Zapatero con su Ley de Memoria Democrática, la continuó Sánchez sacando a Franco del Valle de los Caídos y queriendo ganar en el papel la guerra que perdieron hace 80 años. El remate ha sido otorgar méritos de estado a los compañeros de sus asesinos, hoy en Bildu. Lo anuncian sin rubor Iglesias, Rufián y Otegui cada vez que tienen oportunidad. Pedro Sánchez les acaba de dar carta de viabilidad despejándoles el terreno.

El enfrentamiento constante entre PSOE y Podemos no es más que la urdida y diseñada estrategia que Sánchez e iglesias pactaron hace tiempo para conseguir tenernos entretenidos hablando de otras cosas y que lo mollar siga pasando desapercibido. Las pensiones, el poder judicial, el salario mínimo, los indignos indultos o la propia monarquía, son cuestiones tan serias que su puesta en escena tapona cualquier otra cuestión durante días. Mientras el objetivo principal sigue siendo el cambio de régimen, a ser posible con vaselina y sin dolor, pero sin pérdida de tiempo. En tres años tiene que estar la tela de araña tan tejida que ya nadie escape a ella, y mantenerse así en el poder de manera eterna al más puro estilo Putin, Erdogan, Xi Yin Ping o Maduro. Elijan modelo.

¿Hay solución?. Han recorrido un largo tramo con la suerte añadida de una oposición enfrentada. Mi obligación finaliza con advertirlo. Habrá alguien más inteligente que yo, tal como predijo en mi Facebook Andrés Perelló, Embajador español ante la UNESCO, al comentario que expuse tras conocer los datos que daba el ministro Illa, que coja el morlaco por los cuernos. Mientras eso llega, disfruten lo votado.

Etiquetas

Publicidad
banner Gestiona Radio

Comentarios

Volver al blog

SÍGUENOS EN +