La triada oscura: psicópata, maquiavélico y narcisista.      Leopoldo Bernabeu

Leopoldo Bernabeu

Que cortas se hacen las semanas de radio cuando haces lo que más te gusta. Y que feliz me hace constatar que cada vez son menos los que me leen y, por supuesto, los que me dejáis vuestro comentario sobre estos mamotretos que me largo matinalmente. Lo contrario significaría mi más rápido acercamiento a cualquiera de las cárceles de la provincia. No es que sea especialmente beligerante en los que profeso y traslado, hace ya tiempo que decidí tomarme la vida con más calma a la vista de la nula implicación de una sociedad fustigada que sólo escupe sus quejas a través de la verborrea, sino porque, convencido como estoy de que no estamos en una democracia real sino de escaparate, si mis escritos llegaran allende las fronteras comarcales, hace tiempo que habría recibido los perros de presa sibilinos y sigilosos que parecen no tener dueño ni mensajero, pero que vienen mordiendo la orden de cerrar cualquier canal de comunicación con el que poder seguir saciando mis vitales necesidades de subsistencia, que no van más allá que escribiros para limpiar mi interior y mi conciencia. Humilde contribución que me separa del contenido de mis propias denuncias.

Mientras leo un reportaje publicado a nivel nacional sobre un hostelero de Benidorm que, haciendo público el brutal y abusivo importe de sus facturas de luz en las redes sociales, se queja de haber trabajado una media de 14 horas diarias en los meses de verano, además de no haber visto a su hija en 60 días y haberse dejado 15 kilos de peso en el empeño, para que todo su beneficio se quede en la cuenta de una compañía eléctrica, compruebo la sideral distancia que cada día ensancha otra galaxia entre aquellos que nos gobiernan y nosotros, el populacho. Supongo que llegará el día en el que entenderemos, aunque sea a base de sangre, sudor y lágrimas, la importancia de nuestro voto cada cuatro años.

Es esta una semana en la que hemos vuelto a disfrutar del floral juego de agresiones mutuas entre una clase política bastante acostumbrada al mismo, pero que nos adorna el presente con capítulos que superan la ciencia ficción, observando esas puñaladas que ya ni siquiera traspasan las puertas del consejo de ministros, con una Vicepresidenta que una semana le da por enfrentar a empresarios con sindicatos alentando la sublevación social y a la siguiente se traviste de soviet supremo y quiere imponer los precios de la cesta de la compra. Es lo que tiene crear tu propio partido político a marchas forzadas sabiendo que ni el que te puso ahí te quiere ya, a la par que el Presidente de ese mismo Gobierno, el psicópata, maquiavélico y narcisista mayor del reino, todo lo consiente con tal de que sigan avanzando los días y poder certificar que por amor al arte o como agua de lluvia que cae del cielo, la tendencia cambia y se obra el milagro de que crezca la suma de españoles hipnotizados por su flauta de Hamelin y le den de nuevo la posibilidad, dentro de unos meses, de seguir mandando otros cuatro años.

Y claro, cuando al frente de la gestión de tu empresa tienes a un colectivo de incapaces, sólo cabe esperar cierre y ruina. Si la empresa es grande y tiene consejo de administración, actuarán para cambiarlo a tiempo, si es pequeña y no hay manera de corregir tanta estulticia, terminará cerrando y dejando a sus empleados y proveedores sin cobrar, y si hablamos del Gobierno de España, con una democracia incipiente incapaz de poner en marcha resortes que corrijan la situación a tiempo, sólo nos podemos esperar lo peor, aunque quizás todo eso ya lo tengamos encima. 

Mientras tanto, pues seguimos entreteniéndonos con si es o no correcto que el Rey Don Juan Carlos asista al funeral de la Reina de Inglaterra, con la seguridad de que somos el único país del mundo, sin duda el más ridículo, que genera un debate interno sobre algo tan estéril a la par que sonrojante. Vemos con pavor como Macarena Olona, ex diputada de Vox, que sigue manteniendo en pie el acudir a dar la conferencia con la que inaugura un ciclo hoy en Granada, lo hace bajo las amenazas, públicas y publicitadas, de unos sindicatos juveniles de izquierdas, sin que autoridad alguna haya manifestado el más mínimo interés por enviar efectivos para evitar el desastre. Rosa Díez, que hoy estará en el programa, sabe mucho de este tipo de escraches.

Y en ese suma y sigue de despropósitos que jalonan la diaria vida pública, ya es oficial la descarada, desnortada y novedosa campaña de nuestro querido Presidente del Gobierno, escupiendo cada vez que un micrófono se lo permite, que el líder de la oposición, ese que cada vez le saca más ventaja en las encuestas, es un tipo que está ahí porque le han aupado “oscuros intereses” cuyas decisiones se toman en cenáculos madrileños repletos de humo de caros puros. Díganme si no es esto la recreación de cualquier escena de una mala película de gánsters, fruto de la desesperación de alguien que ya no ve más salida que la patada en la puerta y seguir hacia delante. Resulta pavoroso escuchar algo así de boca de quien gobierna tu país.

Es difícil concluir hacia donde nos dirigimos y cuales son los puertos por los que podremos escapar, viendo la situación de ruina y derrumbe de toda la cúpula judicial española, con amenaza de dimisión para el próximo día 12 de octubre, si antes no se desatasca el tapón creado por un Gobierno que quiere controlar a los jueces, saltándose cualquier norma europea y utilizando su poder mediático para trasladar la responsabilidad a los demás. 

Estamos de nuevo saboreando la ficticia guerra que se crea cada mes de septiembre desde hace cinco años en la que socialistas y podemitas nos hacen ver que no están de acuerdo en el fondo y la forma a la hora de aprobar los que, esperemos sean sus últimos presupuestos generales, mientras a nadie se escapa que mantener el sueldo, el coche oficial, el falcón y la moqueta, tienen mucha más fuerza que el interés general de los administrados. Y si para sacarlos adelante tienen que seguir acercando a cárceles vascas a los más sanguinarios asesinos de ETA y continuar riéndoles las gracias a unos independentistas que se despellejan entre sí, aunque no permitan que en Cataluña se estudie en el idioma oficial, el español, pues se hace y en paz. Ya nada en Sánchez es susceptible de sorprendernos, aunque hay que reconocer que se esfuerza para ello. Eso sí, somos líderes europeos en permitir que un okupa tenga más derechos sobre una vivienda que el propietario de la misma.

Termino con algo positivo. Me quedo con la gota de esperanza de ver como los ciudadanos suecos, feudo social demócrata habitual, acaban de votar en masa a los partidos de la derecha, al tiempo que todas las encuestas les dan también como ganadores en Italia de las elecciones que celebran en 10 días. Supongo, aunque todavía habrá algún “demócrata” que me llamará fascista por esto, que son los propios europeos los que empiezan a ver las orejas a un lobo que nos come y al que la mayoría de nuestros gobernantes, bien pagados, alimentados y calentitos, dan cobijo en vez de pararlo a tiempo.

Con eso me tengo que quedar hoy, pero mientras llega ese momento no me queda otra que seguir disfrutando de lo votado.

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