La Tía Loli

Esmeralda Marugán

Periodista

Busco la sonrisa de cada día, el pan, de momento, lo como…, y según mi báscula alicantina, de más. La segoviana es amable, y siempre 1 kilo menos.

¿Cómo se pesa, y se mide, el tiempo? Ese que se me escapa sin que sea capaz de respirar en paz. El de ayer, al que vuelvo con el deseo de reconciliarme con cuerpo y alma, no existe, (pero lo hizo, y hubo momentos únicos). 

Con el cuerpo estoy disgustada, se está convirtiendo en el reloj que jamás he llevado, y marca cada segundo sin piedad, y ella –el alma-, que al parecer nos reconocieron en Trento, sin vernos, y sin tocarnos, me cuesta sentirla, pese a que a veces digo que me duele. No sé si no hubiera sido preferible que continuase como el soberano "cosa de hombres". A veces es mejor ser simplemente "el pecado". ¡Creo que tengo cierta envidia de las manzanas!

Pero ya no hay remedio, la tenemos, y me pregunto: ¿Dónde va cuándo nuestro cuerpo se despide de quien nos quiere y queremos, y dicen que nos morimos?

 La sonrisa de mi infancia era la de Loli, la tía más joven por parte de madre, y aunque se la maquillaron con carmín, ya no era la suya. En el tanatorio nos juntamos los muy suyos, los cercanos, los otros... muchos, y sobre todo "mucha" la ausencia que deja en especial en él, y en ellos, los de cada día.

 Cuando empiezan a desaparecer las generaciones anteriores de la familia, además del dolor incurable, nos alertan: "Las campanas no siempre suenan por los otros", y nos da la impresión de que vamos tomando posición en la cola inevitable de la muerte. Esa que vive entre nosotros, aunque por la manera que tenemos de ser, la consideramos poco, de lo contrario, cuidaríamos más la vida y no tanto "las posesiones".

 

¡Qué razón tenía Gustavo Adolfo Bécquer!

-"Que solos se quedan los muertos" – 

Los vivos, hasta que seamos ellos, fingimos estar acompañados, aunque nos ocupemos poco de la compañía que tenemos. Estamos muy centrados en los alrededores, y después, hay que dormir. Pero un mal día hemos dormido tanto los afectos, que terminamos compartiendo cama con: ¿Quién eres? 

A mí se me acabará el amor de tanto usarlo, y posiblemente por la necesidad de dar lo que necesito recibir. Y en eso no siempre encuentra mi cuerpo, ni mi alma, el equilibrio. Y sé que ello tiene que ver con mi infancia y con la muerte, lo que es la razón fundamental de que ella, la tía Loli fuera "la sonrisa" de aquellos años, que he vuelto a revivir al volver a ver las caras de la familia cercana. Los muertos se quedan solos pero nos juntan para despedirlos.

Fue la muerte, en su caso, posiblemente el asesinato de su hermana, el que le hizo a la escritora Sheila Kohler convertirse en una grande de la literatura, os la recomiendo. En especial "Cuando éramos hermanas" de la editorial Alba. Las palabras se han ido haciendo imágenes, viajando por la piel de sus deseos y frustraciones. Aprendiendo de su conocimiento y rebuscando en mi ignorancia salidas de emergencia, porque sé que vengar a mis muertes cotidianas, no hará a la Antígona que llevo dentro más feliz. Incluso la eterna espera, llega...

He vuelto a La Concha, esa playa favorita de la ciudad en la que los deseos se cumplían. En el ahora tengo más claro los que son, y el con quien.  Tal vez sea la única ventaja que da ese tic-tac que me gusta tan poco, y no olvidar "que mañana no sé si seré".  Por si acaso, doy la gracias, y pido perdón, mientras busco pactar con Aladino, y pedirle lo que sabe, pero cambiando el orden, porque hoy son otros los urgentes.

En la Francia del Norte, lo grave no parece que sea lo mismo que kilómetros atrás. Su noche de cigarros y copas se vive sin recato y amontonados, con ese denominador común de la estupidez, que se hace predominante en los breves momentos de juventud. 

Mis teorías definen sin sofisticación ese paso por el universo, lo que tal vez sea política, y socialmente, incorrecto, al igual que mi entendimiento con el ocio. 

Un helado a la 1 de madrugada es tan saludable como a las 13h de la tarde, y lo mismo ocurre con la música en vivo. Tuve el privilegio de ver a "More Than Jazz" en Bañeres de Mariola, y fue un verdadero regalo del verano, que agradezco especialmente a Eva María Manso y a Fernando Albero. Conciertos que son absolutamente diferentes a las fiestas del ruido y del alcohol, insanas y perjudiciales desde su existencia, y a todas las horas, y todos los días.

Y aún más, por supuesto, “los prostíbulos” de lo que sigo sin comprender su demora en el cierre total, y para siempre.  

Consumidores y proxenetas a las cárceles por lo que son, sin darles el beneficio de la duda, ni la presunción de inocencia, lo que es, es. Y ellas, a empezar como todas, y muchos, a buscarse la vida sin ser las esclavas del señor, y pidiéndole de nuevo a Dios que exista y haga su trabajo, pero sin intermediarios. Si se cumple lo anterior, no necesitarán medidas de protección específica. Pero hay que tener la coherencia de ejecutarlo sin demora.

La sonrisa vertical está sin educar, y llamamos "sexo" al comercio, a la explotación de mujeres, adolescentes, niñas y niños por la canallada de sus explotadores, y el consumo de aquellos frustrados, e impotentes varones, incapaces de sentir "sexo con seso".

Necesito de ambos conceptos para ser capaz de vivir con más sonrisas que lágrimas, aunque mi banda sonora no siempre sea de Óscar. Que no nos impida ningún virus mi festival de cine favorito: "Seminci", ni los otros. La realidad del 2020 ha superado cualquier ficción, por ello mi recuerdo a Luis Eduardo Aute, y "Más cine, por favor".

Etiquetas

Publicidad
banner Gestiona Radio

Comentarios

Volver al blog

SÍGUENOS EN +