El plan de Charles Manson para matar al presidente de EE.UU. a través de una satánica disfrazada de monja

La falsa religiosa fue inmediatamente inmovilizada y pronto se descubrió que la pistola estaba cargada, pero ninguna bala estaba en la recamara

En los años setenta, la Familia sembró el pánico en Estados Unidos. La secta satánica de Charles Manson aterró al mundo con el asesinato de la actriz Sharon Tate y otras cuatro personas en su casa de Tate, en Beverly Hills, y al día siguiente, de un matrimonio, Leno y Rosemary LaBianca. El cerebro de estos asesinatos y de muchos otros fue llevado a la prisión estatal del condado de Los Ángeles el 22 de abril de 1971. Jamás en su vida salió de la cárcel, pero no por ello Manson terminó con sus maldades y su sed de muerte. Los esbirros de la secta elevaron su apuesta incluso hasta el presidente de EE.UU.

En la mañana del 5 de septiembre de 1975, una de las pupilas de Manson, Lynette Fromme, fue al parque del capitolio de Sacramento con el pretexto de hablar con el presidente Gerald Ford sobre la difícil situación de las secuoyas de California.

Vestía como una monja, con un hábito rojo, pero debajo escondía una pistola automática Colt del calibre .45, con la que apuntó a Ford. La falsa monja fue inmediatamente inmovilizada y pronto se descubrió que la pistola estaba cargada, pero ninguna bala estaba en la recamara. Dadas las características del Colt 45, el arma requería una operación final antes de colocarse en posición de disparo. Una de las cuatro balas debía haberse pasado a la recámara del arma, para después levantarse el seguro y apretar el gatillo.

En medio de las disparatadas y enfermizas ideas de la Familia resulta difícil saber el nivel de implicación de Charles Manson, más allá de señalar objetivos de manera difusa y ambigua. En una carta muy próxima al atentado escrita a Fromme, el líder criminal evitó lanzar amenazas contra Ford, pero sí contra los abogados y representantes de una justicia «embriagada de sangre»: «Les hemos dicho una y otra vez que puedo lanzar pensamientos para destruirlos».

Según narró el 7 de septiembre el diario ABC, «la joven autora del atentado, Lynette Fromme, estuvo implicada en el asesinato perpetrado en 1989 por la ‘familia Manson’ a la actriz Sharon Tate. Hace dos meses, cuando se esforzaba por visitar a Charles Manson en la prisión, en una entrevista que la joven concedió en Sacramento responsabilizaba al ex presidente Nixon por la suerte que su ‘dueño’ Manson tenía en la cárcel. “Ford no hace más que continuar lo que Nixon inició”, dijo a su entrevistador».

La Familia, en el ojo del huracán

La intentona de magnicidio volvió a colocar al grupo satánico en el ojo del huracán. El FBI descubrió durante la investigación que Fromme también planeaba atacar a otros personajes conocidos del mundo económico de la ciudad de Nueva Orleans. Según la compañera de habitación de Lynette Fromme, la familia Manson tenía un plan para asesinar a seis ejecutivos y sus esposas del área de Louisiana, cercana al puerto norteamericano del golfo de México. «Los asesinatos son necesarios —explicó la compañera de Lynette Fromme, Sandra Good, en declaraciones recogidas por ABC—, porque existen muchas personas que están haciendo daño a la tierra a través de lo que programan en la televisión».

El recuerdo de John F. Kennedy asesinado en Dallas sobrevoló la mente de todos. Gerald Ford, presidente tras la dimisión de Nixon por el escándalo del Watergate, era un hombre muy cercano, «más calmado y seguro de sí mismo de los últimos años y, de acuerdo con las opiniones de los expertos, presenta constantemente un problema muy especial para aquellos hombres cuya misión es protegerlo de las agresiones de sus enemigos. El problema es muy sencillo: no puede resistir la tentación de mezclarse con las multitudes», según narró José I. Rivero el 7 de septiembre de 1975 en las páginas de ABC.

Solo diecisiete días después, Ford sufrió un segundo ataque en San Francisco. También una mujer, en su caso una ex militar de extrema izquierda, disparó al presidente con una pistola del calibre 38 cuando este salía del Saint Francis Hotel. Entre una muchedumbre de más de tres mil personas emergió Sara Jane Moore, de 45 años de edad, armada con un revólver del calibre .38. Lo más curioso de todo es que el día anterior había sido interceptado por los servicios secretos, que, a pesar de encontrarla armada, la dejaron marcharse por no considerarla una amenaza.

La heroica acción de Oliver Sipple, un exmarine herido en combate que se encontraba en aquel preciso momento allí, salvó a Ford de un disparo a bocajarro. Se abalanzó sobre la mujer cuando estaba apretando el gatillo, desviando la trayectoria de la bala que fue a parar en el cuerpo de una de las personas que estaban presentes. Sara Jane fue detenida, juzgada y condenada a cadena perpetua. Salió de prisión en 2007 tras cumplir 32 años entre rejas.

El presidente sobrevivió a los atentados, pero no a los peligros de la política. Al año siguiente, Ford se impuso a Ronald Reagan en las primarias del Partido Republicano, pero en las elecciones presidenciales de noviembre fue derrotado por Jimmy Carter, candidato del Partido Demócrata. Aunque Ford logró recuperar muchos puestos durante la campaña, el hecho de empezarla casi treinta puntos por debajo en estimación de voto fue un obstáculo demasiado grande para un candidato todavía lastrado por los escándalos de Nixon. Carter declaró que los atentados contra Ford y sus antecesores fueron fruto de «la cultura de la violencia» en que vive inmerso el país.

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