Batalla entre populistas de todas las ideologías.      Leopoldo Bernabeu

Leopoldo Bernabeu

En este largo despertar que es el septiembre que nos devuelve a la realidad, nos toca seguir con el análisis de una etapa que amanece y que nos pone en sobre aviso de la vuelta a la plena actividad de los vampiros de la felicidad. Tenemos una clase política, desde hace ya bastantes años, a la que conocemos bien y la vemos venir de lejos, son la mejor reencarnación del viejo proverbio que nos advierte de la llegada del lobo, ese que se travestía en los cuentos de Caperucita queriendo seducirnos con su bonhomía para finalmente terminar mordiéndonos con saña y regocijo.

Intentar descifrar las verdaderas intenciones de cada uno, resulta igual de complejo para los que nos dedicamos al periodismo como complicado es llegar a final de mes para cualquier mortal. Sólo nos faltaba por ver las facturas de luz que están llegando a las empresas en estos días para ver el anuncio, en letras mayúsculas, que avanza el cierre de muchos de ellos. 

Que digan una cosa y hagan la contraria, a nadie sorprende. Lo que asusta es cuando hacen algo bien, que suele ser por equivocación. Saberse a tan pocos meses de unas elecciones les pone tan nerviosos, que el espectáculo de indignidad resulta hasta curioso. Es algo innato a la inmensa mayoría de ellos, incluso a los que durante el último mandato han realizado una gestión bastante potable. Son conscientes de que sirve de muy poco lo que hayan hecho o dejado de hacer porque será el populismo de última hora el que decantará el voto hacia uno u otro lado, sin añadir el amiguismo irrefrenable, las promesas que no nunca se cumplirán o el idolatrado símbolo ideológico heredado de la familia. 

Uno de los parámetros más chocantes de la actual política, fácil de comprender para quienes esto escrutamos, pero harto complicado de explicar a quienes se niegan a escuchar nada sobre estas artes, es el populismo rampante que impera en todos los partidos políticos que ahora ostentan poder. Da igual si hablamos del Gobierno central o de cualquier ayuntamiento, todos se han apuntado a la carrera de ver quien da más subvenciones, más ayudas, más cheques, más bono consumos o más de lo que sea…

Quiero remarcar lo de todos y lo de populismo, siendo lo más curioso que sólo una parte, los populares, sean los que acusan, con razón, al gobierno central de haber centrado toda su política en la esquilmación abusiva del bolsillo del contribuyente, friéndonos a impuestos, para después ir devolviendo esos mismos recursos en paguitas al gusto y conveniencia de unas encuestas que van marcando por donde hay que regar para intentar no perder el pesebre en próximas citas electorales. 

No seré yo quien fustigue esa acción de denuncia que tanto ahínco profeso a diario, pero me sorprende que los socialistas, a nivel nacional y sobre todo a niveles locales, no estén con el grito en el cielo viendo como en los ayuntamientos de signo contrario, la principal actividad política del último año es un calco de la que profesa el señor Sánchez y su gobierno.

Desde que Toni Pérez se dio cuenta del rédito electoral que le va a suponer la idea del bono consumo que se sacó de la chistera las navidades pasadas, no sólo repite acción como el mayo pasado sino que, a bombo y platillo y como si en una feria de rebajas estuviéramos, ya son dos más las fechas anunciadas, buscando repetir el éxito navideño y apurando a marzo del 23, justo en la fecha límite que unas elecciones, dos meses después, le permiten. ¿Es correcta esta política?, eso lo decide usted. Yo me limito a informar sobre una actuación que ya aplica por sistema a cada sector, y aquí por la desgracia del covid se incluyen todos, además de cada colectivo social, desde los más pequños de la casa hasta los más ancianos. Ayer mismo vimos conocimos la ayuda municipal que se va a otorgar a las personas mayores para pagar la luz, además de otra nueva de hasta mil euros a los comercios, que sería la quinta o sexta en menos de dos años. ¿Eso está bien?, repito que no va el análisis por ahí. 

Toni Pérez y su equipo de Gobierno han realizado una gestión política en la última legislatura bastante buena. Han sabido solventar la crisis de la pandemia con un notable alto, al tiempo que no han dejado de invertir en muchas actuaciones a nivel local y posicionar con mucho éxito la imagen de la ciudad en el contexto nacional, habiendo recogido los frutos durante este verano con una exitosa campaña turística. Pero Toni Pérez, que está a punto de cumplir los 30 años seguidos como concejal, y es muy lógico deducir que no le apetezca a su edad cambiar de oficio, tiene tanta experiencia que sabe perfectamente que quizás esa gestión no sólo no sea suficiente, sino que cuando llegue la hora de votar, incluso se haya olvidado.

Benidorm, guste o no, sigue siendo una ciudad muy alejada de la realidad de cualquier buque que quiere ser insignia. Carecemos de un hospital público, ni siquiera podemos alardear de unos centros de salud acorde a nuestro nombre y tamaño, la comisaría de policía que tenemos es tercermundista y nada se sabe sobre el inicio de la nueva que venimos reclamando en el desierto desde hace 20 años. Seguimos teniendo centenares de alumnos en barracones, además de un centro cultural convertido en mole de hormigón y espejo del fracaso en mitad de una de nuestras principales arterias. Una estación de autobuses, que debería ser el símbolo mejor cuidado de una ciudad que vive del turismo, y que es el escenario perfecto para grabar la próxima edición de Viernes 13. Todo esto además de seguir siendo la única ciudad de Europa con más de 50.000 censados que no tiene un centro comercial, porque para saber que pasa con el polígono industrial, retroceda y vuelva a leer lo de la Comisaría.

Todo esto lo sabe Toni Pérez, que es muy probable que no sea culpable de casi nada que tenga que ver con la falta de esas infraestructuras, pero la realidad es esa y el alcalde es él. Un político con una mancha de suciedad en su tarjeta de presentación, pues ni siquiera consigue sacar adelante, y van ya cuatro años con el contrato vencido, tener un pliego que nos vincule y garantice una limpieza viaria acorde al siglo XXI. 

Sabe todo esto y es consciente de que ha de mantener la llama viva hasta el día de las próximas elecciones. La mejor manera es seguir sacando dinero de una caja, que empieza a endeudarse con seriedad, para seguir regalando dinero a los mismos ciudadanos que primero lo han pagado a través de impuestos, después su equipo de gobierno no ha sabido gestionarlo e invertirlo correctamente, se queda como remanente de tesorería y, antes de que venga el gobierno central a requisarlo, lo convierte en bonos de ayuda de todo tipo y condición y encima queda como el rey Midas. ¿Es correcto?, por tercera vez repito, eso lo decide usted. Mi crítica de hoy es limitarme a recordar que eso es populismo puro y duro. Exactamente el mismo que profesan a nivel nacional los partidos socialistas y podemita. Con la diferencia que los populares critican esa actuación abiertamente y a diario, no equivocando el fundamental apunte sobre la pésima forma en la que esos recursos deberían llegar a quienes se los han prometido. Los socialistas locales no sólo no lo critican, sino que se ven tan abrumados por el éxito de la iniciativa que hace meses se subieron al carro. De hecho, el bono consumo, cada uno a su estilo y con el dinero que le queda en la caja, es un arte que ya aplican todos y cada unos de los municipios de la provincia, sin distinción ideológica.

El resumen es palpable. Llegan las elecciones y están todos muy nerviosos. La mayoría porque ven su puesto peligrar, pues no hacer nada y que te paguen cada mes, es algo por lo que se mata. El resto porque llevan tantos años en el machito que, o no saben hacer nada más, se les ha olvidado o, directamente, no les apetece cambiar ahora de oficio, a la vejez viruelas.

Aun con todo, aquí en Benidorm, la campaña de Toni Pérez conduce a la búsqueda de una mayoría tipo Bernabe Cano en La Nucia. No sólo no han realizado una mala gestión política, sino que la inmensa mayoría de vecinos y comercios están encantados con el reguero de pasta que supone cada pocos meses el bono consumo o cualquier otra ayuda, a lo que hay que incorporar la guinda de unas aguas que bajan tan revueltas en el socialismo local, con dos gallos de pelea para disputarse las migajas que se le caigan al candidato popular, que dibuja el panorama más despejado de los últimos 15 años.

Mientras todo eso llega, hagan como yo, acomódense y disfruten de lo votado.

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