La primera semana de agosto muestra tres señales que auguran un rápido enfriamiento de la economía

El pasado 2 de agosto, el buscador Google registró un repentino interés de los usuarios en España por el término “recesión”. Ese día se publicaron las cifras de paro y por primera vez desde que hay datos, julio registró una caída de empleo. Era una crónica anunciada que la desaceleración iba a terminar llegando al boyante mercado laboral. Quizá algunos no la esperaban justo en temporada alta de verano con los turistas extranjeros de vuelta a nuestro país (casi a niveles precovid).

De nuevo, el Gobierno ha tenido que encarar varias veces esta semana la cuestión de la recesión: ¿se puede descartar? Al inicio de julio las respuestas eran más tajantes: "No lo veo". "No se plantea". Pero un mes después la vicepresidenta económica sorteaba la pregunta respondiendo que España tiene un “crecimiento económico fuerte”. “Tenemos prácticamente asegurado un avance del 4% del PIB para este año”, aseguraba Nadia Calviño en La Sexta el jueves.

Sigue siendo una cifra elevada que se sitúa por encima de la media europea. Sin embargo, la posible recesión se ha convertido en una especie de fantasma al acecho de la recuperación. Esta semana hemos conocido más señales que apuntan a ese debilitamiento de la actividad. El termómetro es reciente porque, en su gran mayoría, los indicadores se refieren al mes pasado. Este es un breve repaso.

El peor julio de la historia

El dato de empleo del mes pasado sorprendió negativamente: se destruyeron 7.200 puestos de trabajo. Algo totalmente inaudito para un julio. El Gobierno hablaba de "toque de atención". Es pronto para adelantar cómo evolucionarán las dinámicas del mercado de trabajo en los próximos meses, pero el retroceso es claramente una señal de alerta importante.

“El sector servicios no fue capaz de mantener al alza la ocupación”, concluía en una nota BBVA Research esta semana. Hostelería y comercio aumentaron sus cifras de afiliación de forma “particularmente débil si se compara con los meses de julio de los últimos años”. En la segunda mitad del mes el comportamiento del empleo fue "anémico". A este dato hay que sumarle un incremento del paro por segundo mes consecutivo.

Matriculaciones como en 2013

Las compras de coches es otro indicador bastante pegado al momento y una aproximación de la marcha del consumo de los hogares. El mes pasado los concesionarios españoles vendieron 89.000 vehículos, un 12% menos que hace un año. La caída convierte este julio en el peor de la última década. Son cifras de periodo de crisis porque hay que retroceder a los años 2012 y 2013 para encontrar tan pocas matriculaciones para julio.

Las matriculaciones retroceden a niveles de 2013

Los fabricantes y concesionarios apuntan a la falta de vehículos y a la subida de la inflación, en el 10,8% en julio, como principales motivos de las menores ventas. Con los niveles de subidas salariales que se están registrando, una media del 2,5%, la merma de capacidad adquisitiva de las familias es muy significativa y afecta a sus decisiones de compra.

Menos pedidos en las industrias

La creciente incertidumbre, la inflación y la crisis energética también está pasando factura ya al sector manufacturero. Esta industria registró en julio un "desplome" de sus ventas y la mayor caída de nuevos pedidos en más de dos años. La actividad que mide el índice PMI se situó por debajo de los 50 puntos. No ocurría desde mayo de 2020. Por debajo de este umbral se anticipa una contracción.

El sector servicios aguanta de momento mejor. Mantuvo el tono positivo en julio, a pesar de la subida de los precios. No obstante, las empresas encuestadas para elaborar el índice PMI informaron de la "creciente indecisión de los clientes debido al aumento de la inflación y del temor de una recesión económica".

Qué se puede esperar en una recesión

La realidad es que el término engloba un variado mundo de posibilidades. En teoría, los economistas empiezan a hablar de recesión cuando el PIB cae dos trimestres consecutivos. Desde el año 2008 esto lo hemos visto en cuatro ocasiones muy diferentes. 

En 2008 arrancó una recesión que duró un año.

A finales de 2009 se registró otra que solo se prolongó dos trimestres.

En el año 2011 se inició la siguiente recesión. Fueron casi tres años de caídas ininterrumpidas del PIB.

La provocada por el covid ha sido corta en tiempo, solo dos trimestres, pero el descenso no tiene nada que ver con el resto.

Como ejemplo, Estados Unidos entró en recesión técnica a finales del mes pasado tras caer un -0,4% y un -0,2% en los dos primeros trimestres de 2022. Es posible que sea un bache pasajero porque este viernes el mercado laboral de esa misma economía sumaba más de medio millón de nuevos empleos. La tasa de paro caía hasta el 3,5% de la población activa, su nivel más bajo de los últimos cincuenta años. Cada crisis viene con sus rarezas.

Profecía autocumplida

El interés de la ciudadanía por tratar de anticipar si habrá o no recesión puede convertirse en una profecía autocumplida. El indicador de Google es tan solo una señal de interés pero es un dato relevante. La economía actual se mueve cada vez más al ritmo de las narrativas que se crean y se diseminan con rapidez y gran alcance.

Si las expectativas de los hogares se ajustan a ese escenario de recesión, este cambio puede terminar generando la propia caída: como vienen curvas, empiezo a consumir menos por si acaso, por ejemplo. Es quizá por este motivo por el que tampoco tiene mucho sentido que un Gobierno diga: viene una recesión (a no ser que ya esté metido en ella y no le quede más remedio). No es el caso de España y además el Gobierno sigue confiando en poder evitar ese paso atrás y sortear la casi segura recesión en otros países europeos. No todo es negativo --los datos de inversión en nuestro país siguen fuertes-- pero cada día que pasa en esta crisis, el agujero negro de la incertidumbre atrae a su órbita más variables.

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