De Alemania a Portugal, la propuesta de abrir las escuelas con horario extendido ya funciona en Europa

Se le ocurrió anunciar al líder del Partido Socialista de Madrid (PSM), Juan Lobato, que si gana las elecciones abrirá los colegios doce horas al día once meses al año para facilitar la conciliación de las familias. Y se armó el lío. “No pretenderán que nos encarguemos los profesores, somos docentes, no cuidadores”, rechazan los sindicatos, abiertos sin embargo a la idea de utilizar más los centros públicos. “Eso ni es conciliar ni es de izquierdas”, dicen algunos, “atáquese la cuestión desde el lado de los horarios laborales”. “Eso está muy bien, pero mientras pasa necesito soluciones”, replicaban muchos padres, sobre todo los de las familias más humildes.

La propuesta no es una ocurrencia de Lobato. Países como Alemania o Portugal, entre otros, implantaron hace años lo que vienen a denominar “escuelas a tiempo completo”, con tiempos de apertura más amplios que los lectivos en los que se ofertan actividades pedagógicas no curriculares.

Estos programas aluden sobre todo a la necesidad de mejorar los resultados educativos del alumnado ampliando la oferta (voluntaria) de actividades, sobre todo pensando en el alumnado con menos medios para costeárselas por su cuenta, aunque también aparece siempre entre sus motivaciones la necesidad de facilitar la conciliación de las familias que adujo Lobato. Ciudades como Estrasburgo, en Francia, o Barcelona, también tienen programas de patios abiertos por las tardes, según información aportada por la Fundació Bofill.

“El problema no es exclusivo de España”, explica Marta Junqué, coordinadora de la Barcelona Time Use Iniciative. “El problema es el contexto global, aunque en España es peor porque las jornadas laborales acaban más tarde todavía. Pero es un problema de un mundo que está estructurado siguiendo el esquema de las ocho horas, que era un esquema industrial: ocho horas para dormir, ocho para trabajar y ocho para el tiempo libre. Pero cuando la mujer se incorporó al mercado eso dejó de existir”.

El PSOE y UP incluyeron en su pacto de Gobierno un punto por el que se comprometían a “favorecer la conciliación de la vida laboral, familiar y personal, y la necesaria corresponsabilidad entre hombres y mujeres” mediante “la racionalización de los horarios” y “una Ley de usos del tiempo”. Poco se sabe de esta anunciada ley, aunque la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, la menciona de vez en cuando. Desde el lado del Ministerio de Igualdad también se prepara una Mesa asesora para los cuidados, que entre sus objetivos tiene “avanzar en el desarrollo de los derechos de conciliación corresponsable con el empleo”.

Jugar al fútbol en la calle y la cancha cerrada justo al lado

“Desde la FAPA Giner de los Ríos reivindicamos desde hace muchos años la necesidad de la apertura de los centros educativos como espacios públicos abiertos a la ciudadanía”, expone Mari Carmen Morillas, presidenta de la principal federación de asociaciones de padres y madres de la escuela pública de Madrid. “Que la ciudadanía pueda disfrutar de esos espacios de todos es muy necesario. Hay barrios en los que por las tardes hay chicos jugando a la pelota en la calle o un parque y tienes las pistas deportivas del centro educativo al lado sin utilizar”, añade.

Concede Morillas, sin embargo, que “la conciliación familiar y laboral requiere un debate serio y profundo con políticas que amparen a las familias”, pero recuerda también que “hay padres o madres que llegan a casa a última hora de la tarde-noche; conciliar así es muy complicado y para cubrir esto dependes de tener una red de contactos o de tu nivel socioeconómico, y eso no es una solución porque no es equitativo. Abrir los centros para resolver la conciliación no resuelve una problemática tan generalizada”, advierte.

Las personas consultadas para elaborar este artículo coinciden: la conciliación es un banco de muchas patas que no debe depender de la escuela ni de encontrar un lugar donde aparcar a los niños mientras los adultos trabajan. Pero también admiten que mientras llega lo ideal hay que atender lo urgente. “Es un parche a un problema de fondo, que es de competencia estatal y que son los horarios de trabajo, con poca flexibilidad y que dificultan la conciliación”, resume Junqué.

En ese sentido, la propuesta de Lobato tiene espejos en los que mirarse más allá de los Pirineos: la escuela a tiempo completo de Portugal (Escola a Tempo Inteiro), un país que ha ganado relevancia internacional en el sector por sus políticas educativas en los últimos años, o las Ganztagsschulen alemanas son algunos ejemplos.

El precedente de la escuela a tiempo completo portuguesa

El modelo luso, impulsado a partir de 2005 por el Ministerio e implementada con la colaboración –y la financiación– de los ayuntamientos, amplió los horarios de apertura de los centros que imparten el primer ciclo de Primaria (de 6 a 10 años en el país luso) hasta las cinco y media de la tarde, lo que supone añadir entre tres y cinco horas a la jornada lectiva según el curso. La actividad empieza a las 9 de la mañana, habitualmente. En este horario extendido se trabajan las llamadas actividades de enriquecimiento curricular, que incluyen competencias deportivas, artísticas, cientifico-técnicas, ambientales o cívicas.

El programa es voluntario y gratuito para las familias pero de obligada oferta para los centros y tiene tres objetivos principales: reforzar la base de los aprendizajes de Primaria, la equidad en el acceso a actividades de educación no formal y ajustar los tiempos escolares con los laborales.

El modelo portugués tuvo muy en cuenta este último aspecto. El desajuste entre los horarios de trabajo y los de la escuela provocaba “la desatención de los menores por las tardes” por un lado y “dificultades de conciliación a las familias, ”que a menudo resolvían sobrecargando a los abuelos, reduciendo las oportunidades laborales de las madres o incluso optando por escuelas privadas que sí tenían oferta educativa complementaria por las tardes“.

El programa tuvo –y tiene– una gran aceptación social al menos en cuanto los números se refiere, según un análisis realizado por la Fundació Jaume Bofill, que lo achaca a un “sólido pacto político y social”. El debate ahora está en cómo mejorar las actividades y sobre la conveniencia de ampliarlo a la segunda etapa de Primaria, a partir de diez años. Un 80% del alumnado hace uso de este horario extendido en un país donde la inmensa mayoría de los estudiantes (un 88%) acude a centros públicos, una situación que difiere de España, con un 67%.

De lo educativo a la conciliación en Alemania

La reforma alemana de la escuela vino motivada por lo que en el país se llamó el shock de PISA, explica la Fundació Bofill, cuando el país vio que los resultados de su alumnado en PISA estaban por debajo de la media de la OCDE. El posterior debate acabó alumbrando las escuelas a tiempo completo, bajo la idea de que aumentar el tiempo pedagógico en la escuela mejoraría los resultados. Menos de 20 años después dos de cada tres escuelas alemanas dejaron la jornada matinal bajo la que operaban para pasarse al tiempo completo.

Mejorar los resultados educativos, con el ojo puesto en los más desfavorecidos como reclamaba Morilla, era el principal objetivo de la reforma, pero no el único. Conseguir una aproximación más holística de la educación fomentando las habilidades sociales además de las cognitivas o abrir las escuelas a sus comunidades y poner sus recursos educativos –o materiales– a disposición de la población se mencionan entre los logros a alcanzar.

También fomentar la conciliación, aspecto en la que se centró Lobato en su propuesta y que quizá provocó parte del aluvión de críticas. “La política de conciliación laboral y familiar, siendo el modelo de escuela a tiempo completo una solución a la incompatibilidad de los horarios laborales y escolares de padres y madres, y un mecanismo para fomentar la reincorporación al mercado laborales de progenitores que habían abandonado el mercado laboral después de tener hijos” se cita como otro de los argumento, junto a “el aumento constante de la demanda de este tipo de escuelas por parte de las familias”, analizan desde la Fundació Bofill. “En definitiva, las GTS permiten dar respuesta a varios problemas simultáneos: el bajo rendimiento escolar, la desigualdad social del alumnado y la conciliación laboral y familiar”.

En un estado descentralizado como el alemán han surgido varios modelos de Ganztagsschulen. Las abren hasta las 15.00, hasta las 16.00 o hasta las 18.00 y las hay que ofrecen actividades no lectivas voluntarias, pero también hay algunas donde son obligatorias y un tercer tipo intermedio, con algunas obligatorias y otras no. Pero en todas, las horas lectivas son las mismas que en el resto de centros, aunque al tener los horarios de apertura ampliados, los horarios de las clases pueden distribuirse de manera más flexible o intercalar actividades no curriculares entre asignaturas. Desde que se crearon, su uso no ha parado de crecer y en 2017 un 43,9% del alumnado realizaba algún tipo de actividad paralela a las lectivas.

La propuesta catalana

En España, la Fundació Jaume Bofill tiene elaborada una propuesta completa de marco horario “para una educación a tiempo completo” que parte de un uso mucho más extenso de los centros educativos que el mero académico, en la línea de la idea del PSM y el programa portugués, aunque entre sus motivaciones no está la conciliación; es puramente educativa.

Consideran los autores del informe que los horarios actuales son “rígidos y poco adaptables a las necesidades educativas”, “demasiado homogéneos” y no favorecen la individualización de la enseñanza, entre otros argumentos.

La Fundació propone que los centros abran al menos desde las ocho de la mañana y que no cierren antes de las seis de la tarde, un horario ampliable si el centro en cuestión desempeña una función de equipamiento para el barrio, como por ejemplo, biblioteca. Esta franja horaria engloba “tiempo lectivo obligatorio y actividades” y el documento especifica que ese horario “se diferencia del horario laboral de los docentes” para dar entrada a “otros profesionales y educadores”.

Pero la idea no es que los alumnos pasen esas diez horas en los centros porque “un proyecto de educación a tiempo completo no puede ir en detrimento del descanso ni del tiempo familiar”, por lo que el plan incluye un máximo de estancia en los centros de ocho horas para cada alumno. Se propone, por ejemplo, un horario de 9.00 a 17.00. El uso de los tiempos se complementa con una última instrucción: las horas lectivas se encuadran entre las 9.00 o 10.00 y las 12.00 o 13.00 y entre las 14.00 y las 16.00 por las tardes, con una pausa para comer encajonada entre las 12.00 y las 14.00.

Entre las horas lectivas, propone el documento, se intercalarán “actividades educativas opcionales” a realizar en el propio centro o fuera de él. “Estas actividades pueden ir dirigidas tanto a complementar el currículo base del horario lectivo como a desarrollar otras capacidades a través del deporte, el arte, etc”, describe el texto, con educadores u otras figuras similares que complementen el trabajo de los tutores, “que bajo este modelo pasan a ejercer un papel mucho más central”.

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